Mi primer viaje a Roma fue sencillamente maravilloso y a pesar que no sabia manejarme con el idioma, toda la gente que se me cruzó en el camino ha sido super amigable.Igualmente - confieso - que tuve un poquito de miedo, pues llegué a Fiumiccino al caer el sol y lloviendo torrencialmente sobre la Capital de Italia que se vislumbrava colmada de turistas.
Felizmente Dios y la Virgen Santa enviaron a mi Angel de la Guarda para que me guie y proteja; asi fue que golpeando puertas llegue al Instituto de las Hermanas Redentoristas que gentilmente me ofrecieron alojamiento.
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